20-09-2016

Mercados de Madrid

Los mejores mercados de Madrid para comprar productos frescos

 

El placer de comprar en un mercado

Comprar en un mercado es un placer que cada vez practicamos menos. Los horarios de trabajo y la falta de tiempo obligan a muchos a tirar de grandes superficies, olvidándonos de los pequeños comerciantes y privando a nuestro paladar de la calidad y la frescura de sus productos.

Madrid esconde una infinidad de mercados donde podemos replantearnos nuestra manera de comprar y de comer. ¿Te animas a descubrirlos?

 

mercado paz

 

Empezamos por uno de los más antiguos, que ha sabido renovarse y convertirse en un mercado de éxito. En pleno Barrio de Salamanca, entre las calles residenciales y tiendas más chic, se esconde el Mercado de La Paz, que, edificado en 1879, ha sido remodelado y rescatado varias veces del abandono. Hoy es un paraíso para gourmets y amantes del buen comer, con más de setenta puestos para todos los gustos y colores. Desde negocios casi relegados al olvido como la casquería, hasta propuestas modernas como la croquetería “Deli&Croq, es un lugar perfecto para llenar la nevera un sábado por la mañana.

 

pasta fresca mercado paz

 

Los amantes de la cocina italiana podemos encontrar en el puesto de “Matteo, una de las mejores pastas frescas de todo Madrid, con una gran selección de salsas caseras. Un abanico de casi 300 quesos en la charcutería gourmet «La Boulette«, donde venden también delicioso foie fresco. Una infinidad de productos del mar en la pescadería de «José Ramón», que desde 1945 se ha ganado la fama de ser una de las mejores de la capital y sirve también a domicilio. Y para los golosos, la pastelería afrancesada de Alejandro Montes en el puesto de «Mamá Framboise«, con preciados macarons y tartaletas dignas de una boulangerie parisina.

 

Comprar en un mercado es una experiencia para los sentidos. Olores, colores y sabores nos invaden a cada paso y convierten la compra en un paseo agradable, donde prima el trato humano y la cercanía con el comerciante, a diferencia del clima hostil de los hipermercados.

 

tomates mercado Chamberi

 

Si vamos a tomar un aperitivo a Chamberí, podemos pasar antes por su clásica plaza de abastos, que también data de finales del siglo XIX, aunque fue profundamente reformada en los cuarenta. Un lugar donde esa cercanía es clave, como demuestra el puesto de ultramarinos “Serrín, especializado en productos gallegos frescos y de temporada. Dos veces por semana nos trae productos de pequeñas huertas, empanadas de zamburiñas, pulpo o a nuestro gusto (por encargo), pan de centeno, trigo y maíz, conservas y una amplia selección de quesos de las D.O.P gallegas. En el Mercado de Chamberí podemos encontrar frutas y hortalizas de inmensa calidad, desde tomates de Navarra hasta setas Shitake cultivadas en La Rioja o unos inmensos champiñones Portobello perfectos para cocinar rellenos. Para los amantes de la casquería, imprescindible el puesto de Carmelo Jiménez (localizado junto al mercado): uno de esos negocios en extinción adaptado al siglo XXI, como revela el recetario que podemos encontrar en su web, para animarnos a cocinar productos como la oreja, los sesos o la lengua de vaca, tan apreciados en el repertorio culinario de nuestras abuelas.

 

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Y si hablamos de mercados madrileños, hay que mencionar también otro concepto como el de San Antón, reconvertido en un mercado gastronómico moderno, en el que casi la mitad de los puestos son barras de degustación. Una plaza de abastos muy distinta a la que iban nuestras abuelas, aunque con una historia similar. El mercado sobrevivió incluso a la Guerra Civil, pero en los años noventa cayó en desuso y el cambio de hábitos de consumo acabó con él hasta que, en 2007, fue derribado y reconvertido, en 2011, en lo que hoy conocemos como San Antón. En él podemos encontrar una gran variedad de frutas exóticas de calidad (algunas a precio de oro, eso sí), o buenos ejemplares de la preciada trufa negra para dar un toque especial a nuestros platos.

 

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Para terminar, no olvidemos que Madrid está llena de pequeños mercados de barrio, algunos menos cuidados que otros, con más o menos glamour, pero no por ello con menos encanto. Una propuesta: huyamos de las bandejas de productos envasados y vayamos a pasear por las charcuterías; olvidemos las frutas de bodegón y apostemos por los tomates feos. Nuestro cuerpo y nuestro paladar lo agradecerán y de paso ayudaremos a los pequeños comerciantes y evitaremos que los mercados, lugares de encuentro llenos de vida y color, pasen a ser historia.

 

Mònica Faro
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